Se me escapa. No tengo acceso a ella.
Sin embargo, se me antoja demasiado casual, el hecho mismo de la confluencia del tiempo en ciertos acontecimientos.
Arde España.
Sus montes poblados de seres vivos...árboles, animales y pueblos quemados. Quemados ellos y quemados los bomberos.
Vidas deshechas convertidas en cenizas, que hoy vuelan arrastradas por el viento siendo dispersadas en el universo, el auténtico mandatario de nuestra realidad y que la humanidad, ciega por la avaricia, la individualidad y el conformismo, se niega a ver, enfrentándose continuamente a todas y cada una de las señales recibidas en forma de danas, tornados, incendios...¿Qué más necesitamos?
Como decía al principio de este artículo, se me antoja demasiado casual, que en un momento en el que ciertas responsabilidades se hacen evidentes ante el (por muchos ambicionado) electorado, que incrédulo, empieza a entender el mecanismo intocable de las comunidades autónomas, los movimientos especuladores que enriquecen a unos y empobrecen a otros, imposibilitados de construir los cimientos de su propia vida debido al abuso desatado contra lo que llaman "clase media" y que apenas puede permitirse un zulo compartido en las afueras; justo ahora, en este momento en el que algunos confiados en su ideología, abren un poquito los ojos y dejando a un lado el ego, son capaces de abrazar la rectificación, manifestación sublime de la sabiduría; justo en este momento... nos dicen que nos invaden.
Marruecos, el invasor.
Y dejamos atrás los montes, los árboles, los animales, los pueblos y sus gentes que fueron sitiados por el fuego del infierno debido a una mala gestión.
Y dejamos atrás a los bomberos. Quemado el monte y quemados ellos y ellas. No interesa escucharles. Héroes aunque no quieran. Seres alados con mangueras que no alcanzan, hidroaviones que no bastan, relevos que no llegan, contratos que desgastan y negacionistas que gritan que no son necesarios más, que los negligentes son ellos y que se les denunciará; que el cambio climático no existe, que la Tierra es plana y cíclica; que el Covid fue una invención y que la libertad es libertad solo para los ricos...
Justo ahora que muchos bajan de sus caballos y salen de su cortijo, dejando el ego a un lado, sobrepasados por la humanidad que impera en sus corazones y percatándose de que si se perforan los cimientos del edificio, el edificio entero cae, incluido el gran ático.
Justo ahora... nos invade Marruecos.
Nos invade tan preparado como nuestros bomberos. Desarmados, mojados, asustados, imbuidos en una falsa felicidad truncada por la realidad de un país idolatrado, que desgraciadamente, ante una tragedia humanitaria, aún tiene sectores con las agallas de clasificarlos como "una invasión", fomentando a quienes se empeñan en cerrar los ojos para conservar su ego intacto, a que desafíen a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, al Ejército Español y a cada institución que trabaja por solventar, repito, esta crisis humanitaria y a tomarse la justicia por su mano, amenazando con cuchillos y pistolas a los desgraciados, por las calles de Ceuta, para "salvar" a su país, de la "invasión de Marruecos". País, por cierto, cuyo monarca difiere bastante de Felipe VI, de momento, veremos con el paso del tiempo... aunque su consorte luce a menudo vestimenta roja, un pequeño seguro que abanica el encorsetamiento de la realeza y eso se nota.
Así que volvemos a la "invasión de Marruecos" y tengo un reto.
Un reto privado para cada uno de nosotros.
Buscad en vuestra memoria una de tantas imágenes de "la invasión de Marruecos" a nuestro país que han invadido la televisión estos días. ¿La tenéis? Fijadla en vuestra retina y ahora convertidlos a todos en blancos, rubios y de ojos claros, azules, verdes...
Y ahora autoevaluaros.
No os preocupéis. Es privado.
Un abrazo,
©Victoria Sol Hill (una Charo más)