SOMOS BICHOS por Victoria Sol Hill.
El magnate observaba el índice bursátil que marcaba el valor de las acciones de su compañía con satisfacción.
La negra africana contaba los kilómetros que aún le faltaban para llegar andando al pozo donde recoger el agua que cargaría sobre su cabeza de vuelta al poblado. Mucho peso sobre su cuello pero lo compensaría con el peso de su bebé que llevaba convenientemente atado a su espalda.
Un continente perdido, guerras, hambrunas, enfermedades y un largo etc. a consecuencia de la explotación llevada a cabo por tantos ambiciosos que solo ven el índice bursátil que marcan sus acciones.
Porque la negra no es nadie. Los africanos no son nadie. Porque todos somos bichos. Prescindibles. "Fumigables".
En nombre de su Dios que considera el único posible e inimitable, por supuesto a su imagen y semejanza, arrebatan tierras en otro hemisferio del planeta.
La excusa que hace sangrar llanto a su Dios si es que realmente existe. Una excusa falsa y traicionera con su propia historia. Habiendo sufrido el exterminio en su propia piel, ahora lo olvidan y lo aplican, porque no son iguales. Sus niños no son del mismo color ni aprenden la misma religión y no hay sitio para todos. Ellos valen más. Ellos son los elegidos. Los futuros complejos hoteleros ideados y apoyados por "el bueno" que ahora es malo, serán la prueba de sus acertadas decisiones. Porque en la franja no hay nadie. Solo bichos. Porque todos somos bichos. Prescindibles. "Fumigables".
El oligarca, sobrepasado por su propia soberbia y desde la distancia inabarcable que lo separa del resto del mundo a sus pies, invade la tierra ajena. Porque él es más grande, más poderoso y eso le da derecho. La teoría de la evolución llevada al extremo. Muertos, exiliados, destrucción, adultos, niños, da igual...no le afecta. No llegamos a su esfera. Y el apoyo repetido de "el bueno" que ahora es malo, le otorga la razón y la optimización de los recursos energéticos nucleares y de las tierras raras demostrarán que está en lo cierto. Y si no lo está, no importa, porque los que luchan por mantener sus recursos en propiedad y sus fronteras intactas no son nadie. Solo bichos. Prescindibles. "Fumigables".
El cowboy mientras tanto, que ya no es héroe sino villano, que ha rescatado el espíritu genocida de las colonias primeras hacia el indio americano, plasma su autógrafo a diestro y siniestro, aburrido, disfrutando de cada acción descontrolada pero minuciosamente calculada que desmantela un derecho, un sueño, un futuro, una vida. Porque detrás de cada decreto hay una vida que se trunca, se rompe, se desespera, se apaga. Pero no pasa nada. Porque el cowboy pisa fuerte. Con las botas de cuero y los tacones duros. Sin mirar a los lados. Como un borrico que vuelve al establo, tapados los laterales para que nada interfiera en su marcha. Y dando coces avanza. Pisoteando a todos los bichos. Porque no importamos. Porque todos somos eso. Bichos. Prescindibles. "Fumigables".
Y la tierra se queja y el lobo traicionado aúlla. Pero nosotros los bichos no oímos. Y ellos, los de arriba, menos. Y la tierra espera que reaccionemos, mientras ella, eterna nave en viaje en el vacío , intenta enfriar el calor desatado con el agua bendita que acorde a las acciones humanas, destruye lo andado.
Muertos arrastrados por ríos sobrepasados, avisos que no llegan y ciudadanos agraviados que no encuentran consuelo, ni justicia, ni descanso.
Pero es que los trajeados están muy liados, negocios y acuerdos, comidas y reuniones importantes de verdad, inevitables, fundamentales. Porque no hay sitio para nimiedades.
Las nimiedades, somos nosotros. Porque nosotros, somos bichos. Prescindibles. "Fumigables"... ¿O no?...
Porque a veces las plagas superan la capacidad de los fumigadores...
Una termita, dos termitas, tres termitas...
¡Uy!...No hay personal para cosechar...
Una termita, dos termitas, tres termitas...
¡Uy!...¡Qué caros los huevos!
Una termita, dos termitas, tres termitas...
¡Uy! ¿Qué pasó en la bolsa con el niño-hombre malcriado que se alió con el cowboy...?
Una termita, dos termitas, tres termitas...
¡Uy! Que a todos unidos y en bloque, no nos pueden fumigar.
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