jueves, 1 de mayo de 2025

"El rescate de la llorona". Para Caito 💔Victoria Sol Hill©todos los derechos reservados.

Bajó la llorona al suelo desde los confines del universo y comenzó a caminar, como cada noche, por el oscuro sendero junto al río.
 Las leyendas que preceden su tétrica marcha oscurecen su tez y su cabello.
 Caminando pesadamente, avanza en automático. 
Arrastra los pies descalzos que han perdido el rumbo, desorientados, sucios y embarrados. Una marcha penosa, trabajosa, lúgubre, sin pensar...solo silencio...solo avanzar...
Apoyado contra una reja, el niño la vio llegar, pero no sintió miedo.
Tenía esa capacidad que solo los niños tienen. La inocencia pura y desbordada, que no cataloga el aspecto, sino el alma. 
Y la llorona avanzó pero no lo vio, porque la ceguera causada por el oscuro velo que cubre su mirada, le impide ver la luz. 
Y así pasó de largo junto al niño. Sin verlo, sin oírlo, sin olerlo, sin sentirlo.
El pequeño la observó alejarse y perderse en la noche deshaciéndose en la niebla. Esa misma niebla se acercó a él y lo envolvió, pero lejos de apagarlo, le hizo cosquillas y el niño rio, porque la luz, no puede ser cubierta por nada.
A su regreso, la llorona atisbó algo extraño entre la niebla, que marcaba un filtro entre la oscuridad y la luz. Posó su mirada en la extraña niebla iluminada y lo vio. 
-"¿Por qué sonríes, niño?"- preguntó.
Pero el niño no la escuchó. Porque no es posible acceder a la luz desde la oscuridad.
La llorona, curiosa y extrañada, se acercó aún más y volvió a preguntar:
-"¿Por qué sonríes, niño?"
Pero no era suficiente, el niño, no la oía. Porque él estaba en la luz y ella, en las sombras.
La llorona siguió avanzando y su piel se tornó luminosa y su pelo sedoso, pero el barro aún manchaba su vestido blanco que languidecía en las sombras y por ello, cuando preguntó de nuevo:
 -"¿Por qué sonríes, niño?", el niño, no la escuchó.
Finalmente, atraída por la magia y el calor de la sonrisa, la llorona llegó junto a él pero ya no recordaba la pregunta.
Se agachó y mirándole a los ojos, le devolvió la sonrisa. El niño le ofreció su mano y juntos, avanzaron con la brisa.
La llorona ya no es llorona; porque aprendió el camino que le enseñó la piedad de un niño que llegó fuera de tiempo, colándose en la fila. La llorona ya no es llorona porque cada noche paga su culpa guiando a otros niños para que no estén perdidos y para dar tranquilidad a los que quedan, desolados junto al río, porque no pueden seguir, a su ser querido.


Imagen generada por IA

 Dedicado a Caito y a todos los nenes que se colaron en la fila.
 ©Todos derechos reservados, creación propia, imágenes libres de derechos descargadas de internet o generadas por IA.

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