domingo, 18 de mayo de 2025

Sapere aude.©Victoria Sol Hill



Al llegar a cierta edad la vida cambia.
Los amigos se han ido diluyendo con el paso del tiempo y nos resistimos a abrirnos a nuevas amistades, manteniendo siempre las distancias prudentes que nos protejan de posibles desilusiones y fracasos. Se nos plantea entonces el dilema de si realmente vivimos en una soledad elegida o estamos atenazados por el miedo.
Las malas experiencias nos marcan un camino evitativo de las aparentes amistades pues el cerebro está constantemente buscando posibles fallos, trampas, mentiras o humillaciones a las que presuntamente podemos exponernos ante una nueva amistad o grupo.
La sensación de no encajar mas que en tu propio refugio de amor propio, está presente a cada paso, bien sea por el miedo o incomodidad que sentimos o el que despertamos. 
Desgraciadamente, las mujeres solteras, independientes, empoderadas, seguimos expuestas a la mirada patriarcal de un aún extenso sector social, que al igual que apoya con doce puntos a unos genocidas en un concurso que se vanagloria de pacífico y europeísta, por su ambición monetaria; no acepta ni entiende nuestras inquietudes intelectuales o que nuestra juventud espiritual, disfrute más de una obra de teatro o de una ruta de senderismo, que de una noche rodeadas de dipsomaníacos o tabaquistas. Sin remedio eres etiquetada como poco fiable, aburrida o seria, pues ellos mismos se mantienen a una distancia prudente del cultivo de su propia ilustración sobre las posibles variantes existentes en su estático universo ficticio, lo cual es previsible, pues aplican este mismo principio a todo lo que mínimamente diverge de su heteronormatividad establecida.
Este sector social muestra una actitud profundamente viejuna. Faltan ganas. Ganas de salir al mundo, de viajar, de conocer, de aprender, de hacer deporte, de caminar junto a un río y bañarse en el mar barrenando olas, de jugar a las palas y al parchís, de disfrazarse en carnaval y en Halloween, de comprar un billete de oferta porque sí y pasar el fin de semana en Roma recorriendo su historia.
Dicen que la edad solo es un número y considero que así es.
Permite que la corriente eléctrica constante que recorre tu cuerpo fluya y te empuje siempre hacia adelante, hacia lo nuevo. Las ganas de ir y venir, de buscar, conocer y encontrar nunca se extinguen y la inocencia, aunque temerosa por las experiencias pasadas, se mantiene viva, superando miedos y prejuicios, para así, vivir.
Citando a Pepe Mujica: "No soy adicto a vivir mirando para atrás, porque la vida siempre es porvenir y todos los días amanece".
Aparta al viejuno que intenta poseerte y aunque oigas que por edad no corresponde, nunca dejes marchar a tu espíritu infantil. Somos muchos los que aunque nos crujan los huesos, seguimos viajando, trepando, bailando, nadando, riendo y jugando, aunque incomodemos, aunque demos miedo, aunque nos juzguen desde el recelo los que, otra vez citando a Mujica: "Van a envejecer y un día se van a mirar al espejo y tendrán que preguntarse, ese día, si traicionaron al niño que sentían adentro".
Por todo ello, sapere aude.

©Victoria Sol Hill. 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hola, comenta con respeto, estaré encantada de leerte, muchas gracias.

El maltrato como arma arrojadiza. ©Victoria Sol Hill

Desde hace demasiado tiempo ya se me llena la boca con la palabra vergüenza. Vergüenza por la deshumanización que nos rodea y vergüenza redu...