Condicionados por la dictadura de la moda vivimos rodeados de una sociedad superficial que juzga por la marca de la ropa que usas o por tu talla.
Cientos de hipócritas vestidos con las firmas más caras, cierran sus fronteras a quienes no visten igual. Prejuiciosos descartando a quienes no cumplen con sus cánones considerándolos ciudadanos de segunda.
Siguen presentes las castas de la antigüedad entre los avances tecnológicos que nos dicen que no, que estamos en otro tiempo.
Mismos ojos mirando los cuerpos ajenos, juzgando sin conocimiento y murmurando en las espaldas, dando por hecho que el sobrepeso o la extrema delgadez, es consecuencia del mal comportamiento.
Nunca el comportamiento es malo, quizás equivocado, condicionado, frustrado...
Personas llenando su vacío, su carente nutrición emocional con comida placentera o huyendo de la nevera para ahogar su culpabilidad. Traumas causados por otros, que se eternizan en el tiempo y en su cuerpo. Heridas sin cerrar que disparan el cortisol y derivan en una guerra hormonal que no permite ni subir ni bajar.
Deporte, dietas, meditación...ni subes ni bajas.
Deportes, dietas, meditación...y aún así eres juzgada.
El cuerpo marca el reflejo de emociones complicadas y no ayuda el ser juzgado por personas extrañas.
Aprende lo no enseñado, mira hacia el interior, los ojos de las personas te muestran su corazón.

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