lunes, 16 de junio de 2025

Orgullo. Victoria Sol Hill ©todos los derechos reservados.

 Hace unos días compartí en mi estado de WhatsApp una bandera LGTBIQ+  con una leyenda que se me antojó preciosa y adecuada para lo que espero de la sociedad futura, que desgraciadamente, cada vez percibo más utópica.

La leyenda rezaba: "No tengo amigos gays, ni lesbianas, ni bisexuales...Tan solo tengo amigos. Lo demás es su vida privada".

Personalmente, lo entendí como la capacidad de percibir a una persona por su mundo interior, sus valores, la grandeza de su alma, su honestidad y la larga lista de virtudes de las cuales muchos carecen hoy día.

Listo. No hay más.

Las tendencias sexuales de cada uno, mientras no atenten contra la libertad sexual de otra persona, son privadas.

A mi no me ofende nadie por sus tendencias sexuales.

A mi me ofenden los corruptos, los asesinos, los pederastas, los machistas, racistas, homófobos, maltratadores, violadores...

Por eso compartí la imagen en mi estado. Desde la ilusa creencia en un mundo mejor. Feliz de contribuir a la difusión de la aceptación de todos por todos con mi pequeñísimo granito de arena.

Pues lejos de pasar desapercibido, como un estado más en un largo scroll, obtuvo mi primer hater.

Eso sí. No por redes, públicamente. Sino por WhatsApp. Directamente a mi. 

Una ofensa descomunal porque (y transcribo) "[...] hacen mucho ruido para ser su vida privada[...]" enumerando a continuación, todas sus otras ofensas recibidas por parte de este mundo que a duras penas avanza y sin embargo, por esta persona concebido, como el desastroso estado que ha condenado a los heterosexuales a vivir con miedo. De rebote, además de dejarse llevar por la homofobia y victimizándose, siguió con el racismo contra los inmigrantes y por supuesto el desprecio hacia las feministas, según esta persona, causantes de las desgracias de los heterosexuales.

Siempre la misma cantinela. 

Me apena profundamente que el paso de los años y la madurez de una sociedad, parezcan haberse estancado ante un río de corrientes ultras, que no solo es difícil de sortear, sino que de manera despiadada arrastra a jóvenes manipulables, enfadados con su vida y que proyectan su malestar contra quienes no les han hecho nada, generalizando y condenando al todo por una parte; muchos de ellos convirtiéndose en lo que denuncian, sin darse cuenta de que los abusadores que dan palizas, no dependen de una nacionalidad determinada y manteniendo la ceguera ante tantas palizas dadas por personas radicales, defendiendo esas ideas radicales,  a minorías vulnerables.

La incapacidad de abrir los ojos y ser capaces de ver almas, les llena de miedo, odio y rechazo y es por esta razón que los que creemos en un mundo inclusivo, diverso, abierto y lleno de amor, debemos hacer aún más ruido.

Hace veinte años, en algunos colegios, algunos profesores, si, ¡profesores!, se preocupaban si una niña jugaba más al fútbol que a las muñecas o a ser princesas. Vaya a ser que fuera...

¿Que fuera qué? ¿Inteligente?¿Inquieta?

En fin.

Hace aún menos tiempo, unos quince años, en los institutos se marginaba a un chaval porque se sintiera mujer. 

Me da vergüenza pensarlo. Pensar que niños que se sentían confusos, perdidos y que necesitaban ayuda psicológica para aceptar que su cuerpo no era su cuerpo, o que eran de otra manera que la establecida como "normal" por la dichosa heteronormatividad; se enfrentaban a su vez, al rechazo familiar.

Me duele en el alma que siga pasando hoy.

Me duele que si estos chavales crecieran en una sociedad avanzada, no tendrían la necesidad de recibir apoyo psicológico por este tema en concreto, por no encajar, por el rechazo, sino por conocerse a si mismos para encontrar su camino, viviendo una adolescencia libre, sin sentirse culpables, ni coartados o rechazados por nadie.

¿Llegará algún día mi social utopía? 

Al ritmo que los poderosos hacen bailar el mundo, me temo que falta mucho. Y mientras tanto, solo hay una opción, una ventana, un recurso:

Hacer ruido.

Mucho, mucho, mucho RUIDO.


Victoria Sol Hill ©todos los derechos reservados.

Lectura recomendada: La teoría Queer.



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