Me gustaría ser gobernada por personas y no por partidos políticos.
Me gustaría que en el congreso se rindiera homenaje a los primeros foros griegos, padres de la democracia, mostrando una evolución digna de ser admirada.
Me gustaría que en este país pudiéramos enorgullecernos de que lo que mueve a todos los partidos políticos fueran las personas y no los intereses.
Me gustaría que nos tuvieran el suficiente respeto como para explicarnos con detalle, mediante un técnico si hace falta (abogado, economista, médico..., según la situación), las vicisitudes que tiene que afrontar el gobierno para llevar a cabo determinadas acciones; y me gustaría, que cuando se dé una explicación, que no se tiren piedras, sino que se aporten soluciones.
Y sobre todas las cosas, me gustaría que ante una violación innegable de los derechos humanos, depusieran sus ridículas armas arrojadizas a un lado y hablaran, estudiaran, propusieran ideas y soluciones a las injusticias que nos rodean, desde la más absoluta unión.
Creo que Israel ha perdido la razón que pudo haber tenido el siete de octubre.
Creo que borrachos de poder, ambición y soberbia, han perdido la vista.
Ya no son capaces de ver desde la mirada de las víctimas de Hamas que otrora tuvieran; ahora son verdugos de sus propias ideas.
Han esclavizado al mundo.
Ellos, los que fueron diezmados por la esvástica. Holocausto que hasta hoy día avergüenza tan profundamente a los alemanes, que defienden lo indefendible.
Los seres humanos se han convertido nuevamente en un recurso, una cifra prescindible.
No veo personas en Europa.
Solo veo niños muertos.
Cuantos soñamos con tener el poder de pararlo todo. Ser capaces de detener la matanza.
De decir ¡basta! y que parara. Pero no nos escuchan.
A los que recurren continuamente al monstruo del terrorismo y de la infamia del siete de octubre, que nos heló la sangre a todos, horrorizándonos y colmándonos el alma de rabia, miedo y dolor; les pido que avancen, ya no es excusa. ¿Por qué miráis para otro lado? ¿Es que acaso estos niños gazatíes son más oscuritos que los que adornan las pinturas de vuestros techos eclesiásticos? ¿Quizás no estáis acostumbrados, al estar viviendo en un país como España, en el que el noventa por ciento de la población es de pelo rubio y piel y ojitos azules? ¿O es que quizás os pareció bien el bombardeo de Guernica? Por ironizar y establecer paralelismos que no quede, quizás así os deis cuenta de vuestra ridícula postura que apoya la impunidad del estado genocida. Si. Genocida.
Por mi parte y honrando a Antonio Machín y su maravillosa canción "Angelitos negros", todos los angelitos me parecen bonitos, sean del color que sean, y me duelen.
Me duele cada boca que no prueba comida ¿y a ti?
Me duelen sus miradas de terror dirigidas al cielo cada vez que escuchan un dron ¿y a ti?
Me duele el trauma engendrado, que desgraciadamente puede ser la chispa de un odio profundo hacia el atacante, cayendo en un círculo vicioso difícil de abandonar para alguien que lo ha perdido todo, no solo a sus seres queridos, sino a su infancia, su inocencia muerta a balazos, arrancada el alma a trozos, la dignidad pisoteada y los sueños rotos.
¿Y...a ti?¿Te duele a ti?
Niños perdidos en un mundo de monstruos donde no encuentran a Peter Pan, sino a los adultos que atacan sin piedad, o a los que, desde la desidia, honran a Poncio Pilato.
No me canso de recurrir a la palabra vergüenza en estos últimos tiempos. Cada vez que creo que la última infamia ocurrida no puede ser superada, acontece lo contrario, pues los monstruos provocan una nueva, aún más desalmada. Retrotrayéndome a mis propias palabras en otros textos anteriores, ellos son monstruos y nos consideran bichos. El asco que provocan sus actos me revuelve el estómago como a los admirados noruegos, que nos superan con creces como civilización. Ni yo ni nadie que aún conserve los pies en la tierra, entendemos que en el congreso el tema de los niños asesinados no ocupe cada minuto de las comparecencias, dejando sus repugnantes puyitas a un lado para condenar rotundamente y en bloque, los asesinatos de niños. Repito. Dejad a un lado vuestras repugnantes puyitas políticas y condenad rotundamente los asesinatos de niños. Repito. Asesinatos de niños. Niños.
Tantas alabanzas cada uno a su Dios sin ser capaces de aceptar que si vuestro Dios existe, tiene preparada una preciosa escalera tallada en el oro por el que os bajáis los pantalones, que lleva directamente al infierno de Dante, donde tanto los atacantes como los Poncios, serán torturados quince mil veces, sino más, pues los monstruos no se detienen; mientras que los que aún conservamos un alma humana, lloraremos eternamente la impotencia de contemplar un genocidio impune, infame y en directo.
No hay perdón.
©Victoria Sol Hill.



