miércoles, 21 de mayo de 2025

Víctimas genocidas. ©Victoria Sol Hill.

 

Me gustaría ser gobernada por personas y no por partidos políticos.
Me gustaría que en el congreso se rindiera homenaje a los primeros foros griegos, padres de la democracia, mostrando una evolución digna de ser admirada.
Me gustaría que en este país pudiéramos enorgullecernos de que lo que mueve a todos los partidos políticos fueran las personas y no los intereses.
Me gustaría que nos tuvieran el suficiente respeto como para explicarnos con detalle, mediante un técnico si hace falta (abogado, economista, médico..., según la situación), las vicisitudes que tiene que afrontar el gobierno para llevar a cabo determinadas acciones; y me gustaría, que cuando se dé una explicación, que no se tiren piedras, sino que se aporten soluciones.
Y sobre todas las cosas, me gustaría que ante una violación innegable de los derechos humanos, depusieran sus ridículas armas arrojadizas a un lado y hablaran, estudiaran, propusieran ideas y soluciones a las injusticias que nos rodean, desde la más absoluta unión.
Creo que Israel ha perdido la razón que pudo haber tenido el siete de octubre. 
Creo que borrachos de poder, ambición y soberbia, han perdido la vista. 
Ya no son capaces de ver desde la mirada de las víctimas de Hamas que otrora tuvieran; ahora son verdugos de sus propias ideas.
Han esclavizado al mundo.
Ellos, los que fueron diezmados por la esvástica. Holocausto que hasta hoy día avergüenza tan profundamente a los alemanes, que defienden lo indefendible.
Los seres humanos se han convertido nuevamente en un recurso, una cifra prescindible.
No veo personas en Europa.
Solo veo niños muertos.
Cuantos soñamos con tener el poder de pararlo todo. Ser capaces de detener la matanza. 
De decir ¡basta! y que parara. Pero no nos escuchan. 
A los que recurren continuamente al monstruo del terrorismo y de la infamia del siete de octubre, que nos heló la sangre a todos, horrorizándonos y colmándonos el alma de rabia, miedo y dolor; les pido que avancen, ya no es excusa. ¿Por qué miráis para otro lado? ¿Es que acaso estos niños gazatíes son más oscuritos que los que adornan las pinturas de vuestros techos eclesiásticos? ¿Quizás no estáis acostumbrados, al estar viviendo en un país como España, en el que el noventa por ciento de la población es de pelo rubio y piel y ojitos azules? ¿O es que quizás os pareció bien el bombardeo de Guernica? Por ironizar y establecer paralelismos que no quede, quizás así os deis cuenta de vuestra ridícula postura que apoya la impunidad del estado genocida. Si. Genocida.
Por mi parte y honrando a Antonio Machín y su maravillosa canción "Angelitos negros", todos los angelitos me parecen bonitos, sean del color que sean, y me duelen.
Me duele cada boca que no prueba comida ¿y a ti?
Me duelen sus miradas de terror dirigidas al cielo cada vez que escuchan un dron ¿y a ti?
Me duele el trauma engendrado, que desgraciadamente puede ser la chispa de un odio profundo hacia el atacante, cayendo en un círculo vicioso difícil de abandonar para alguien que lo ha perdido todo, no solo a sus seres queridos, sino a su infancia, su inocencia muerta a balazos, arrancada el alma a trozos, la dignidad pisoteada y los sueños rotos.
¿Y...a ti?¿Te duele a ti?
Niños perdidos en un mundo de monstruos donde no encuentran a Peter Pan, sino a los adultos que atacan sin piedad, o a los que, desde la desidia, honran a Poncio Pilato.
No me canso de recurrir a la palabra vergüenza en estos últimos tiempos. Cada vez que creo que la última infamia ocurrida no puede ser superada, acontece lo contrario, pues los monstruos provocan una nueva, aún más desalmada. Retrotrayéndome a mis propias palabras en otros textos anteriores, ellos son monstruos y nos consideran bichos. El asco que provocan sus actos me revuelve el estómago como a los admirados noruegos, que nos superan con creces como civilización. Ni yo ni nadie que aún conserve los pies en la tierra, entendemos que en el congreso el tema de los niños asesinados no ocupe cada minuto de las comparecencias, dejando sus repugnantes puyitas a un lado para condenar rotundamente y en bloque, los asesinatos de niños. Repito. Dejad a un lado vuestras repugnantes puyitas políticas y condenad rotundamente los asesinatos de niños. Repito. Asesinatos de niños. Niños. 
Tantas alabanzas cada uno a su Dios sin ser capaces de aceptar que si vuestro Dios existe, tiene preparada una preciosa escalera tallada en el oro por el que os bajáis los pantalones, que lleva directamente al infierno de Dante, donde tanto los atacantes como los Poncios, serán torturados quince mil veces, sino más, pues los monstruos no se detienen; mientras que los que aún conservamos un alma humana, lloraremos eternamente la impotencia de contemplar un genocidio impune, infame y en directo.
No hay perdón.



©Victoria Sol Hill.


domingo, 18 de mayo de 2025

Sapere aude.©Victoria Sol Hill



Al llegar a cierta edad la vida cambia.
Los amigos se han ido diluyendo con el paso del tiempo y nos resistimos a abrirnos a nuevas amistades, manteniendo siempre las distancias prudentes que nos protejan de posibles desilusiones y fracasos. Se nos plantea entonces el dilema de si realmente vivimos en una soledad elegida o estamos atenazados por el miedo.
Las malas experiencias nos marcan un camino evitativo de las aparentes amistades pues el cerebro está constantemente buscando posibles fallos, trampas, mentiras o humillaciones a las que presuntamente podemos exponernos ante una nueva amistad o grupo.
La sensación de no encajar mas que en tu propio refugio de amor propio, está presente a cada paso, bien sea por el miedo o incomodidad que sentimos o el que despertamos. 
Desgraciadamente, las mujeres solteras, independientes, empoderadas, seguimos expuestas a la mirada patriarcal de un aún extenso sector social, que al igual que apoya con doce puntos a unos genocidas en un concurso que se vanagloria de pacífico y europeísta, por su ambición monetaria; no acepta ni entiende nuestras inquietudes intelectuales o que nuestra juventud espiritual, disfrute más de una obra de teatro o de una ruta de senderismo, que de una noche rodeadas de dipsomaníacos o tabaquistas. Sin remedio eres etiquetada como poco fiable, aburrida o seria, pues ellos mismos se mantienen a una distancia prudente del cultivo de su propia ilustración sobre las posibles variantes existentes en su estático universo ficticio, lo cual es previsible, pues aplican este mismo principio a todo lo que mínimamente diverge de su heteronormatividad establecida.
Este sector social muestra una actitud profundamente viejuna. Faltan ganas. Ganas de salir al mundo, de viajar, de conocer, de aprender, de hacer deporte, de caminar junto a un río y bañarse en el mar barrenando olas, de jugar a las palas y al parchís, de disfrazarse en carnaval y en Halloween, de comprar un billete de oferta porque sí y pasar el fin de semana en Roma recorriendo su historia.
Dicen que la edad solo es un número y considero que así es.
Permite que la corriente eléctrica constante que recorre tu cuerpo fluya y te empuje siempre hacia adelante, hacia lo nuevo. Las ganas de ir y venir, de buscar, conocer y encontrar nunca se extinguen y la inocencia, aunque temerosa por las experiencias pasadas, se mantiene viva, superando miedos y prejuicios, para así, vivir.
Citando a Pepe Mujica: "No soy adicto a vivir mirando para atrás, porque la vida siempre es porvenir y todos los días amanece".
Aparta al viejuno que intenta poseerte y aunque oigas que por edad no corresponde, nunca dejes marchar a tu espíritu infantil. Somos muchos los que aunque nos crujan los huesos, seguimos viajando, trepando, bailando, nadando, riendo y jugando, aunque incomodemos, aunque demos miedo, aunque nos juzguen desde el recelo los que, otra vez citando a Mujica: "Van a envejecer y un día se van a mirar al espejo y tendrán que preguntarse, ese día, si traicionaron al niño que sentían adentro".
Por todo ello, sapere aude.

©Victoria Sol Hill. 

 

sábado, 10 de mayo de 2025

¿Volvemos a la realidad? ©Victoria Sol Hill.

 

Bombardeados con  el fallecimiento de Francisco y la elección de León XIV, nos hemos alejado de la cruda realidad.
Dice una leyenda urbana, que si cuelgan a un ser humano boca abajo, al principio percibirá todo a su alrededor del revés, sin embargo, al tercer día, las imágenes serán percibidas en su posición correcta. Dejando a un lado la realidad científica por la cual tenemos riesgo de sufrir desde tensión alta hasta un derrame cerebral, es verdad que el cerebro se adapta a todos y cada uno de los acontecimientos diarios: nos acostumbramos.
Las protestas por una sanidad pública de calidad, por el acceso a la vivienda, por las condiciones laborales, por los derechos LGTBI, por la protección animal y ambiental, por la atención especial a las enfermedades raras, por la depuración de responsabilidades políticas en Valencia; se reducen por no hablar del genocidio en Gaza y de la impune invasión Rusa, además de tantos otros conflictos alrededor del mundo que se pierden en la inopia de la televisión y las redes sociales. 
Duele no poder hacer nada para frenarles los pies. Duele comprobar que por muchas protestas que se lleven a cabo por parte del pueblo, apenas se le hagan cosquillas a quienes llevan la batuta.
La impotencia es un peso extremo para las conciencias y el cerebro se evade a un mundo más frívolo en el que priman los "realities" y los concursos.
El cerebro se escapa a una zona de confort, a una realidad más amable.
Es ahora cuando entra en juego la conciencia. Es ahora cuando tenemos que dejar a un lado los deseos automáticos impuestos por nuestro cerebro y obligarnos a ser "conscientes" del mundo que nos rodea.
Tenemos la suerte de pertenecer a una parte del planeta, en la que de momento, nos libramos de los jinetes apocalípticos pero quienes sufren su despiadada cabalgata sobre sus vidas atormentadas son nuestros hermanos y que se tornen los objetivos de los poderosos en nuestra dirección, es solo cuestión del último capricho que se les antoje.
Sigamos con nuestra vida y riendo lo que se nos permita, tratemos de ser felices, pero no olvidemos lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. 
Cerca y lejos.
Seamos conscientes.    




Victoria Sol Hill © todos los derechos reservados. Textos realizados por mi e imágenes libres de derechos descargadas de internet.

jueves, 1 de mayo de 2025

"El rescate de la llorona". Para Caito 💔Victoria Sol Hill©todos los derechos reservados.

Bajó la llorona al suelo desde los confines del universo y comenzó a caminar, como cada noche, por el oscuro sendero junto al río.
 Las leyendas que preceden su tétrica marcha oscurecen su tez y su cabello.
 Caminando pesadamente, avanza en automático. 
Arrastra los pies descalzos que han perdido el rumbo, desorientados, sucios y embarrados. Una marcha penosa, trabajosa, lúgubre, sin pensar...solo silencio...solo avanzar...
Apoyado contra una reja, el niño la vio llegar, pero no sintió miedo.
Tenía esa capacidad que solo los niños tienen. La inocencia pura y desbordada, que no cataloga el aspecto, sino el alma. 
Y la llorona avanzó pero no lo vio, porque la ceguera causada por el oscuro velo que cubre su mirada, le impide ver la luz. 
Y así pasó de largo junto al niño. Sin verlo, sin oírlo, sin olerlo, sin sentirlo.
El pequeño la observó alejarse y perderse en la noche deshaciéndose en la niebla. Esa misma niebla se acercó a él y lo envolvió, pero lejos de apagarlo, le hizo cosquillas y el niño rio, porque la luz, no puede ser cubierta por nada.
A su regreso, la llorona atisbó algo extraño entre la niebla, que marcaba un filtro entre la oscuridad y la luz. Posó su mirada en la extraña niebla iluminada y lo vio. 
-"¿Por qué sonríes, niño?"- preguntó.
Pero el niño no la escuchó. Porque no es posible acceder a la luz desde la oscuridad.
La llorona, curiosa y extrañada, se acercó aún más y volvió a preguntar:
-"¿Por qué sonríes, niño?"
Pero no era suficiente, el niño, no la oía. Porque él estaba en la luz y ella, en las sombras.
La llorona siguió avanzando y su piel se tornó luminosa y su pelo sedoso, pero el barro aún manchaba su vestido blanco que languidecía en las sombras y por ello, cuando preguntó de nuevo:
 -"¿Por qué sonríes, niño?", el niño, no la escuchó.
Finalmente, atraída por la magia y el calor de la sonrisa, la llorona llegó junto a él pero ya no recordaba la pregunta.
Se agachó y mirándole a los ojos, le devolvió la sonrisa. El niño le ofreció su mano y juntos, avanzaron con la brisa.
La llorona ya no es llorona; porque aprendió el camino que le enseñó la piedad de un niño que llegó fuera de tiempo, colándose en la fila. La llorona ya no es llorona porque cada noche paga su culpa guiando a otros niños para que no estén perdidos y para dar tranquilidad a los que quedan, desolados junto al río, porque no pueden seguir, a su ser querido.


Imagen generada por IA

 Dedicado a Caito y a todos los nenes que se colaron en la fila.
 ©Todos derechos reservados, creación propia, imágenes libres de derechos descargadas de internet o generadas por IA.

El maltrato como arma arrojadiza. ©Victoria Sol Hill

Desde hace demasiado tiempo ya se me llena la boca con la palabra vergüenza. Vergüenza por la deshumanización que nos rodea y vergüenza redu...